Expertos revelan cuál es la mejor postura para dormir y sus impactantes beneficios para la salud
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La postura al dormir es un factor clave para la calidad del sueño y el bienestar físico, ya que influye en la alineación de la columna y la prevención del dolor. Según el experto Miguel Assal, dormir sobre el lado izquierdo con una almohada entre las piernas es la mejor opción, ya que favorece la alineación de la columna, reduce el reflujo gástrico y mejora la calidad del descanso.
¿Cómo dormir mejor?
La fisioterapeuta Sammy Margo respalda esta recomendación, señalando que esta postura también beneficia la circulación sanguínea y disminuye la presión sobre los órganos internos, además de ser útil para quienes padecen problemas cardíacos, ya que facilita el retorno venoso y reduce el esfuerzo del corazón. Otras posiciones también tienen ventajas y desventajas. Dormir boca arriba, por ejemplo, permite mantener la columna en una posición neutral y previene dolores en la espalda y el cuello.
Sin embargo, no es recomendable para personas con apnea del sueño, ya que puede aumentar la obstrucción de las vías respiratorias. Por otro lado, dormir boca abajo es la postura menos aconsejada, ya que obliga a girar la cabeza hacia un lado, generando tensión en el cuello y la espalda, además de dificultar la respiración.
El uso de una almohada adecuada es fundamental para garantizar una buena postura al dormir. Elegir una que se ajuste bien a la cabeza y el cuello ayuda a mantener la alineación correcta de la columna, y las almohadas ortopédicas pueden ser una excelente opción para mejorar el soporte. Aunque dormir de lado, especialmente en el lado izquierdo, es la postura más recomendada para la mayoría de las personas, cada individuo debe elegir la posición que mejor se adapte a sus necesidades y condiciones de salud.
¿Cuáles son las consecuencias de dormir mal?
No dormir lo suficiente o tener un descanso de mala calidad puede afectar la salud física, mental y emocional. A nivel físico, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes tipo 2, además de debilitar el sistema inmunológico y hacer que las personas sean más propensas a enfermarse. En el ámbito mental, la falta de sueño dificulta la concentración, el aprendizaje y la toma de decisiones, además de afectar la memoria y la capacidad para adaptarse a cambios.
Desde el punto de vista emocional, el mal descanso puede generar irritabilidad, ansiedad, depresión y cambios de humor frecuentes, además de una preocupación constante por el sueño. En cuanto al comportamiento, incrementa el riesgo de accidentes, tanto en la carretera como en el hogar, reduce el rendimiento en el trabajo o los estudios y aumenta la probabilidad de cometer errores.
También puede llevar al abuso de sustancias como estimulantes, alcohol y sedantes. Por el contrario, un buen descanso mejora el estado de ánimo, promueve el bienestar emocional, fortalece la salud y potencia el desempeño en las actividades diarias.